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Viernes de la vigésima sexta semana del tiempo ordinario

October 6, 2017

Evangelio según San Lucas 10,13-16. 


¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza. 
Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes. 
Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. 
El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió". 

 

San Bruno, presbítero

 

La Palabra de Dios nos enseña hoy que Jesús comenzó su ministerio público en Galilea predicando “lleno del poder del Espíritu Santo” (Lucas 4, 14). Ahora, visitando por última vez estos poblados situados a orillas del Mar de Galilea, envió a 72 discípulos a preparar a la gente para su venida, recordándoles que posiblemente no serían bien recibidos en las aldeas.

 

Corazín, situada dos millas al norte de Cafarnaúm, cubría un área grande y se beneficiaba de su proximidad a las ciudades cercanas más prósperas. En Betsaida se desarrollaba una gran actividad pesquera, mientras en Cafarnaúm, el centro de su ministerio en Galilea, se habían presenciado muchos de sus milagros y escuchado gran parte de sus enseñanzas acerca del Reino de Dios.

 

Los galileos tenían todo lo necesario para aceptar las enseñanzas de Jesús y reconocerlo como Mesías, ya que eran parte del pueblo escogido de Dios. Sin embargo, a pesar del entusiasmo y el deseo de seguir al Señor que inicialmente demostraron, la gente no llegó a abrir el corazón ni la mente. Por eso, Jesús reprendió a esos pueblos por su incredulidad y los comparó con los paganos de Tiro y Sidón, ciudades de gran ajetreo y prosperidad comercial que no habían escuchado el mensaje de la salvación, por lo cual esa gente era menos culpable que ellos.

 

Nosotros también somos los escogidos de Dios. Conocemos a Jesús y hemos tenido innumerables oportunidades de escuchar y leer el Evangelio del Señor y presenciar su obra salvadora. Sin embargo, debemos reconocer que no siempre tomamos en serio la Palabra de Dios, ni su amorosa invitación a arrepentirnos y enmendar la vida; si lo hiciéramos, la fe y la conversión se manifestarían más patentemente en actitudes de amor, perdón, hermandad, misericordia y solidaridad en la familia y en la parroquia.

 

Quizás no todos somos enviados a naciones lejanas, como los 12 y los 72, pero sí a dar testimonio entre los nuestros, ya sea en casa, en el trabajo, en la escuela o en la parroquia, a fin de que nuestro testimonio de vida sirva para convencer a otros acerca de la verdad de Jesús. Si somos dóciles y obedientes, el Señor se encargará de persuadir y convertir a los demás.

“Señor Jesús, te ruego que me concedas un corazón bien dispuesto para escuchar tu palabra salvadora, obedecerla y estar deseoso de dar testimonio de ti.”

 

Baruc 1, 15-22
Salmo 79(78), 1-5. 8-9

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