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Lunes de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario

September 18, 2017

Evangelio según San Lucas 7,1-10

Encuentro de Jesús con el centurion: "En aquel tiempo, cuando Jesús entró en Cafarnaún. Había allí un centurión que tenía un sirviente enfermo, a punto de morir, al que estimaba mucho. Como había oído hablar de Jesús, envió a unos ancianos judíos para rogarle que viniera a curar a su servidor. Cuando estuvieron cerca de Jesús, le suplicaron con insistencia, diciéndole: "El merece que le hagas este favor, porque ama a nuestra nación y nos ha construido la sinagoga". Jesús fue con ellos, y cuando ya estaba cerca de la casa, el centurión le mandó decir por unos amigos: "Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres en mi casa; por eso no me consideré digno de ir a verte personalmente. Basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. Porque yo, que no soy más que un oficial subalterno, pero tengo soldados a mis órdenes, cuando digo a uno: "Ve", él va; y a otro: "Ven", él viene; y cuando digo a mi sirviente: "Tienes que hacer esto", él lo hace". Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: "Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe". Cuando los enviados regresaron a la casa, encontraron al sirviente completamente sano." Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco:

"Gritar día y noche" hacia Dios. Nos toca esta imagen de la oración. Pero preguntémonos: ¿por qué Dios quiere esto? ¿Él no conoce ya nuestras necesidades?

¿Qué sentido tiene "insistir" con Dios? Esta es una buena pregunta, que nos hace profundizar en un aspecto muy importante de la fe.

Dios nos invita a rezar con insistencia no porque no sabe qué necesitamos, o porque no nos escucha. Al contrario, Él escucha siempre y conoce todo de nosotros, con amor.

En nuestro camino cotidiano, especialmente en las dificultades, en la lucha contra el mal fuera y dentro de nosotros, el Señor no está lejos, está a nuestro lado; nosotros luchamos con Él al lado, y nuestra arma es precisamente la oración, que nos hace sentir su presencia junto a nosotros, su misericordia y también su ayuda.

Pero la lucha contra el mal es dura y larga, requiere paciencia y resistencia (como Moisés), que debía tener los brazos alzados para hacer vencer a su pueblo (cfr Ex 17, 8-13)

Y así: hay una lucha que llevar adelante cada día; pero Dios es nuestro aliado, la fe en Él es nuestra fuerza y la oración es la expresión de esta fe.

Por eso Jesús nos asegura la victoria, pero nos pregunta: "Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?" (Lc 18, 8) Si se apaga la fe, se apaga la oración y nosotros caminamos en la oscuridad, nos perdemos en el camino de la vida.

[...] Luchar, rezar siempre. Pero no para convencer al Señor a fuerza de palabras. Él sabe mejor que nosotros qué necesitamos.

Más bien la oración perseverante es expresión de la fe en un Dios que nos llama a combatir con Él, cada día, en cada momento, para vencer al mal con el bien (Homilía en la Plaza de San Pedro, 20 de octubre de 2013)

Oración de sanación

Señor, te alabo con todas las fuerzas de mi corazón. Te agradezco haber entrado a mi vida y darle el cambio que necesitaba para alcanzar la felicidad.

Tú eres la luz del mundo, esa que vino para sacarnos de nuestros errores, que con tu amor viniste a sanarme y a guiarme por el camino de la salvación.

Tú nos das a tu manera lo que necesitamos y lo que pedimos con insistencia, pues Tú lees los corazones y sabes que es lo que más nos conviene.

Tus milagros no los realizas para satisfacer la curiosidad, sino para ayudar a los sufren y acuden confiados a Ti. Por eso pongo mis sueños en tus manos

Ven Señor, aleja de mí toda angustia que me tiene anclado a un pasado desolado. Tú todo lo puedes, Tú todo lo sanas, basta con que yo tenga fe.

Reconozco que no soy digno de Ti, que con mis pecados te ofendo; pero Tú me limpias, me haces nueva criatura, me levantas y me haces renacer.

Te entrego ahora todas mis cargas y preocupaciones. Confiado en que ya me estás bendiciendo, repito a viva voz: “Señor, creo, pero aumenta mi fe”

Quiero vivir una fe que arda de deseo hacia Ti, esa fe que va más allá de mis posibilidades y me hace creer que puedo lograr lo que me propongo. Amén

Propósito para hoy

En algún momento del día, me alejaré de todos para intimar en la oración con Dios y pedir por mi familia.

Frase de reflexión

"Todos somos pecadores. Dios nos perdona con un derroche de gracia, misericordia y ternura".

Papa Francisco

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