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Lunes de la vigésima segunda semana del tiempo ordinario

September 4, 2017

LITURGIA DE LA PALABRA

 

PRIMERA LECTURA

 

Nos ha liberado del poder de las tinieblas, y nos ha trasladado al Reino de su Hijo amado.

 

De la carta del apóstol san Pablo a los colosenses: 1, 9-14

 

Hermanos: Desde que recibimos noticias de ustedes, no hemos dejado de pedir incesantemente a Dios que los haga llegar a conocer con plenitud su voluntad, por medio de la perfecta sabiduría y del conocimiento espiritual. Así ustedes vivirán según el Señor se merece, le agradarán en todo, darán fruto con toda clase de buenas obras y crecerán en el conocimiento de Dios. Fortalecidos en todo aspecto por el poder que irradia de Él, podrán resistir y perseverar en todo con alegría y constancia, y dar gracias a Dios Padre, el cual nos ha hecho capaces de participar en la herencia de su pueblo santo, en el reino de la luz. Él nos ha liberado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al Reino de su Hijo amado, por cuya sangre recibimos la redención, esto es, el perdón de los pecados.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 97, 2-3ab. 3cd-4. 5-6

 

R/. El Señor nos ha mostrado su amor y su lealtad.

 

El Señor ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez más ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel. R/.
La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con júbilo al Señor. R/.
Cantemos al Señor al son del arpa, suenen los instrumentos. Aclamemos al son de los clarines, al Señor, nuestro rey. R/.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 4, 19

R/. Aleluya, aleluya.

Síganme, dice el Señor, y yo los haré pescadores de hombres. R/.

 

EVANGELIO

 

Dejándolo todo, lo siguieron.

 

Del santo Evangelio según san Lucas: 5, 1-11

 

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar". Simón replicó: "Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra, echaré las redes". Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: "¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!". Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Entonces Jesús le dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres". Luego llevaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

 

“Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.” (Lucas 4, 21)

 

Cuando Jesús explicaba el pasaje de Isaías que leemos en el Evangelio de hoy, todos los presentes en la sinagoga de Nazaret tenían los ojos fijos en él. Ya se hablaba mucho de lo que Jesús hacía y decía en toda Galilea, y los nazarenos tenían ahora la ocasión de verlo y escucharlo en persona. Sin duda era sorprendente para ellos ver que uno de sus propios vecinos, se comportara de esa manera y diera a entender que hablaba de parte de Dios.

 

En este punto, la Escritura dice que todos hablaban bien de él, cosa que no es lo mismo que creer en él. Se preguntaban cómo pudo el hijo de José haber adquirido tal conocimiento, dando a entender que dudaban de sus afirmaciones. Advirtiéndolo, el Señor continuó diciendo que sabía que no lo aceptarían, tal como los profetas Elías y Eliseo habían sido rechazados por su pueblo. Esta fue la gota que colmó el vaso: la gente se enfureció, empujaron a Jesús y lo sacaron de la población.

 

Y nosotros, ¿creemos que a veces las palabras del Señor nos exigen demasiado? ¿Nos causan incomodidad y por eso tratamos de diluir el mensaje o aceptar sólo las partes que coinciden con nuestras ideas preconcebidas? Los vecinos creían conocer a Jesús, pero finalmente no pudieron aceptar sus declaraciones acerca de sí mismo ni el desafío que les planteaban sus palabras.

 

Deberíamos, pues, pedirle al Espíritu Santo que nos haga comprender claramente todo lo que Jesús enseñó, sabiendo que sus caminos son los mejores para nosotros. Por ejemplo, Jesús dijo que no debíamos dejarnos llevar por la ira (Mateo 5, 22). Cuando nos encontramos en situaciones difíciles o incómodas debemos pedirle ayuda al Señor, en lugar de tratar de encontrar excepciones a su enseñanza pensando que “este caso es diferente” o bien “que eso no es lo que Jesús quiso decir”. Si somos fieles a las palabras de Cristo cada día, lo conoceremos mejor, lo amaremos más y crecerá en nosotros la certeza de que Jesús es ciertamente la Persona que él dice ser.

 

Pero la clave es reconocer que nosotros no lo sabemos todo y que muchas veces necesitamos la ayuda de Dios para resolver los grandes problemas de la vida. ¿Por qué no pedirle ayuda a él?

 

“Señor, perdóname por buscar excusas para eludir tus mandamientos y no decidirme del todo a ponerlos en práctica. Concédeme tu fuerza, Señor, para librarme de los hábitos de pecado.”

 

 

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