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Vigésimo primer Domingo del tiempo ordinario

August 28, 2017

LITURGIA DE LA PALABRA

 

PRIMERA LECTURA

 

Pondré la llave del palacio de David sobre su hombro.

 

Del libro del profeta Isaías: 22, 19-23

Esto dice el Señor a Sebná, mayordomo de pala-cio: "Te echaré de tu puesto y te destituiré de tu cargo. Aquel mismo día llamaré a mi siervo, a Eleacín, el hijo de Elcías; le vestiré tu túnica, le ceñiré tu banda y le traspasaré tus poderes.
Será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la casa de Judá. Pondré la llave del palacio de David sobre su hombro. Lo que él abra, nadie lo cerrará; lo que él cierre, nadie lo abrirá. Lo fijaré como un clavo en muro firme y será un trono de gloria para la casa de su padre".

 Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

 

SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 137, 1-2a. 2bc-3. 6. 8bc

 

R/. Señor, tu amor perdura eternamente.

 

De todo corazón te damos gracias, Señor, porque escuchaste nuestros ruegos. Te cantaremos delante de tus ángeles, te adoraremos en tu templo. R/.
Señor, te damos gracias por tu lealtad y por tu amor: siempre que te invocamos, nos oíste y nos llenaste de valor. R/.
Se complace el Señor en los humildes y rechaza al engreído. Señor, tu amor perdura eternamente; obra tuya soy, no me abandones. R/.

 

SEGUNDA LECTURA

Todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él.

 

De la carta del apóstol san Pablo a los romanos: 11, 33-36

 

¡Qué inmensa y rica es la sabiduría y la ciencia de Dios! ¡Qué impenetrables son sus designios e incomprensibles sus caminos! ¿Quién ha conocido jamás el pensamiento del Señor o ha llegado a ser su consejero? ¿Quién ha podido darle algo primero, para que Dios se lo tenga que pagar? En efecto, todo proviene de Dios, todo ha sido hecho por él y todo está orientado hacia él. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén. 

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

 

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO Mt 16, 18
R/. Aleluya, aleluya.

 

Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella, dice el Señor. R/.

 

EVANGELIO

 

Tú eres Pedro y yo te daré las llaves del Reino de los cielos.

Del santo Evangelio según san Mateo: 16, 13-20

 

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas".
Luego les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Jesús le dijo entonces: "pichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo".
Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. 

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

 

 

 

San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

 

Jesús denunciaba el juicio inflexible y legalista de los fariseos y escribas. El Señor entendía perfectamente por qué la gente no podía recibir la vida nueva, descubrir la verdadera libertad y experimentar la verdad en forma personal: Sabía que se sentían abrumados por las estrictas exigencias de la ley (Mateo 11, 28-30), y que los gentiles convertidos al judaísmo no experimentaban ni vida espiritual ni libertad.

 

Incluso los mismos fariseos ideaban formas de evadir el rigor de la ley, valiéndose de pretextos legales y eludiendo los votos que habían jurado cumplir. Por esto, Jesús condenaba las prácticas legalistas del judaísmo.

Quizás todo esto nos parezca sumamente ajeno a nosotros, pero es preciso que nos demos cuenta de que nuestras propias prácticas religiosas pueden convertirse en áridos rituales que nos privan de la libertad y la verdad. Como resultado, nosotros podemos llegar a presentar ante los demás una imagen deslucida y sin atractivo del cristianismo.

 

¿Es evitar aquello que hemos tildado de pecaminoso lo que más nos interesa en nuestro cristianismo? ¿Nos preocupamos más de guardar las leyes de la Iglesia (sólo el cumplimiento de la moral) que de conocer el amor compasivo de Dios y compartirlo con los demás? ¿Vemos que nuestra fe nos imparte la vida y la fuerza de Cristo resucitado para vivir diariamente con alegría y rectitud?

 

Toda vez que pensamos tener razón al enojarnos con algún familiar, criticar a un colega o amigo, o negarnos a ayudar por falta de tiempo, estamos manipulando la verdad. Nos ponemos a la defensiva y nos creemos justos, pero nosotros también necesitamos el poder de Dios para cambiar. La esencia del cristianismo consiste en presentarnos con toda sinceridad ante el Señor y abandonarnos a su misericordia.

 

Lo opuesto (como el judaísmo descrito en Mateo) es vivir sólo por esfuerzo propio, justificándose uno mismo. Para distinguir la diferencia, es bueno preguntarse: ¿Me siento abrumado por las exigencias del cristianismo, o encuentro en él la vida verdadera como discípulo de Cristo?

 

“Señor mío, ayúdame a reconocer si mis prácticas religiosas se transforman en obstáculos para la vida de la gracia que tú obtuviste para mí en la cruz.”

 

 

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