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Sábado de la decimoctava semana del tiempo ordinario

August 12, 2017

San Mateo 17,14-20. 


Cuando se reunieron con la multitud, se le acercó un hombre y, cayendo de rodillas, 
le dijo: "Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua. 
Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron curar". 
Jesús respondió: "¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí". 
Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel momento quedó curado. 
Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: "¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?". 
"Porque ustedes tienen poca fe, les dijo. Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: 'Trasládate de aquí a allá', y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes". 
 

Santa Juana Francisca de Chantal, religiosa

 

Si ustedes tuvieran fe al menos del tamaño de una semilla de mostaza… (Mateo 17, 20)

 

En el Evangelio de hoy, el incidente del niño poseso tuvo lugar después de que los discípulos habían acompañado a Jesús durante un tiempo. Pero Jesús conocía la verdadera condición de sus discípulos; sabía que no habían avanzado mucho en la vida espiritual y que su fe era muy frágil. Las dudas les impedían realizar las obras que demostraban la gloria de Dios.

El hecho de que los discípulos le preguntaran a Jesús por qué habían fracasado en sus oraciones es señal de que ellos querían crecer espiritualmente. Jesús los reanimó y, posteriormente, les impartió su propio Espíritu Santo en Pentecostés.

En la época posterior a la resurrección de Cristo, sus seguidores, fortalecidos con el poder venido de lo alto, crecieron bastante en la oración, la fe y la fidelidad. En los Hechos de los Apóstoles leemos que en los años posteriores ellos realizaron grandes prodigios y milagros en nombre de Jesús.

San Agustín (354-430 d.C.) habló de la fe en un sermón referente al incidente del niño poseso, diciendo: “La misericordia del Señor no los despreció por su incredulidad, sino que los reprendió, los alimentó, los perfeccionó y los coronó. Ellos mismos, conscientes de su fragilidad, le dijeron… ‘Señor, aumenta nuestra fe’.

“Saber que les faltaba algo fue su primera ventaja; y mayor felicidad aún saber a quién le estaban pidiendo… Trajeron su corazón, por así decirlo, a la fuente, y llamaron para que se les abriera, y así pudieran saciar la sed. Porque el Señor quiere que los hombres golpeen a su puerta, no para rechazar a los que llaman, sino para dar a los que anhelan recibir.”

Y prosigue San Agustín. “¿Creen, hermanos, que Dios no sabe lo que ustedes necesitan? Él conoce y anticipa nuestros deseos, porque sabe lo que queremos. Y por eso, cuando les enseñó a sus discípulos a orar… les dijo, ‘No usen muchas palabras, porque su Padre sabe lo que necesitan antes que se lo pidan’.”

Hermano, no importa cuál sea el estado actual de tu fe, el Señor está dispuesto a aumentártela. Solo tienes que reconocer tu necesidad y buscar la presencia sanadora de Cristo.

“Señor, ayúdame a no despreocuparme de mi fe, sino a desear una fe total y completa en ti. Enséñame a reconocer mi necesidad.”

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