Copyright © 2005-2019 Radio Inmaculada Inc- All rights reserved

Solemnidad de la Ascensión del Señor

Evangelio según San Mateo 28,16-20.

 
En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. 
Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron. 
Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. 
Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, 
y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo". 

 

Séptimo Domingo de Pascua

 

[En las diócesis que celebran hoy la Solemnidad de la Ascensión del Señor, léanse las siguientes lecturas: Hechos 1, 1-11; Salmo 47, 2-3. 6-9; Efesios 1, 17-23; Marcos 16, 15-20]

Padre…. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo también te glorifique. (Juan 17, 1)

Cristo se hizo hombre para dar gloria al Padre. La gloria de Dios se manifiesta en su majestad suprema y en su infinita santidad. Jesús honró al Padre revelando su santidad con sus palabras y su modo de vivir. El Padre glorificó al Hijo resucitándolo, ascendiéndolo al cielo y volviendo a darle la gloria que él había tenido desde toda la eternidad. Por otro lado, Jesús es honrado por nosotros cada vez que hacemos la voluntad del Padre y tenemos parte en sus sufrimientos.

Todos estamos llamados a honrar y glorificar al Padre, y Jesús es el ejemplo que debemos seguir. El Hijo glorificó al Padre obedeciéndole, dándolo a conocer y entregándose totalmente a la obra de Dios. Para ello, se despojó de su propia gloria y vino al mundo asumiendo la fragilidad de la condición humana.

Pero Jesús no se limitó a vivir santamente obedeciendo al Padre. Vivió y murió para que la gloria del Todopoderoso derribara las barreras del pecado e iluminara nuestros corazones. Jesús no rehuyó la cruz, porque precisamente para eso había venido al mundo (Juan 12, 27-28).

En el caso nuestro, no es preciso realizar actos heroicos o extraordinarios de fe para dar gloria a Dios. Podemos glorificarlo en nuestro quehacer diario, sin importar lo insignificante que éste parezca, porque todo trabajo puede dar gloria a Dios si lo hacemos con esa motivación: cuidar a los hijos, cocinar, trabajar en una fábrica u oficina, ser un profesional o incluso limpiar pisos.

Comienza, pues, cada día dándole gloria a Dios. Pídele al Espíritu Santo que te ayude a aceptar la voluntad de Dios para ti y hacerla. Si lo haces, la luz divina te iluminará a ti y a quienes te rodean.

“Señor, Dios mío, te doy gloria y alabanza porque eres mi Padre. Yo también te amo, Señor, y quiero seguirte todos los días de mi vida.”

 

Hechos 1, 12-14
Salmo 27(26), 1. 4. 7-8
1 Pedro 4, 13-16

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Entradas destacadas

 Esperalo.

Sabado 31 de Agosto 10:00 Am.

Por Radio Inmaculada y en vivo en video con el equipo de Radio Inmaculada.

P. Dario Betancur Monseñor Malagreca en vivo.

August 29, 2019

1/10
Please reload

Entradas recientes
Please reload

Archivo