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Miércoles de la cuarta semana de Pascua

San Juan 12,44-50. 


Jesús exclamó: "El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en aquel que me envió. 
Y el que me ve, ve al que me envió. 
Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas. 
Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo. 
El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día. 
Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar; 
y yo sé que su mandato es Vida eterna. Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó".

 

 

Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas. (Juan 12, 46)

 

Jesús nos dice: “Querido hermano mío, hermana mía, ¡ven a mí! ¡Entra en mi luz! Ven a mi luz para que veas el camino que debes recorrer para llegar a la salvación. Muchas veces tienes decisiones importantes que tomar, pero no tienes que tomar todas esas decisiones tú sólo y sin ninguna ayuda. Ven bajo mi luz, para ayudarte a encontrar el camino correcto. Permíteme mostrarte las esperanzas, los planes y los sueños que tengo para ti. Sé que muchas veces tú piensas: ‘¿Voy por el camino correcto? ¿Es esto lo que se supone que yo haga en mi vida?’ No te dejes abrumar por las preocupaciones, ven a mi luz y yo te ayudaré.

“Ven a mi luz para que disfrutes del calor de mi amor. Allá afuera, en la oscuridad, hace frío. Ven y recibe la calidez de mi amor. No dudes pensando si eres digno de venir, no hagas una lista de todas las cosas que tienes que resolver primero. Tu venida a mí no depende de lo bueno o malo que hayas hecho; depende de mi misericordia, y yo ya he hecho todo lo necesario para que tú vengas a mi lado. Ya soporté el dolor de la cruz, ya resucité de entre los muertos, y ya ascendí al cielo y derramé mi gracia en tu corazón. Así que ¡ven! Entra en mi luz y deja que mi amor brinde calor a tu corazón.

“Entra en mi luz, porque allí no podrá encontrarte ningún pecado. Mi luz es pura, sagrada y verdadera. Así que, ven a la luz y deja que tus pecados queden expuestos para poder limpiarte y purificarte completamente. Tú piensas: ‘¿Cómo puedo deshacerme de esto que me ha tenido atado durante tanto tiempo?’ Pero aún no has experimentado el alivio que sentirás al ver que los años de culpa y vergüenza se queman ante mi luz, para que tú puedas brillar en el mundo con una nueva mentalidad y un nuevo corazón. Así que, ¡ven y recibe mi luz purificadora!

“Si tienes formas de actuar que son contrarias a mi espíritu de honestidad, sencillez y humildad, créeme que si te entregas a mí de todo corazón, encontrarás una paz, libertad y felicidad muy superiores a lo que has conocido hasta ahora.”

“Amado Jesús, tú eres la luz del mundo, a ti quiero ir para que me llenes de tu luz y tu amor. Haz que tu luz disipe toda la oscuridad que haya en mí y para que los demás deseen venir a ti también.”

 

 

Hechos 12, 24—13, 5
Salmo 67(66), 2-3. 5-5. 8

 

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