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Lunes de la tercera semana de Pascua

May 1, 2017

San Juan 6,22-29. 


Después de que Jesús alimentó a unos cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la multitud que se había quedado en la otra orilla vio que Jesús no había subido con sus discípulos en la única barca que había allí, sino que ellos habían partido solos. 
Mientras tanto, unas barcas de Tiberíades atracaron cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor pronunció la acción de gracias. 
Cuando la multitud se dio cuenta de que Jesús y sus discípulos no estaban allí, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. 
Al encontrarlo en la otra orilla, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo llegaste?". 
Jesús les respondió: "Les aseguro que ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse. 
Trabajen, no por el alimento perecedero, sino por el que permanece hasta la Vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; porque es él a quien Dios, el Padre, marcó con su sello". 
Ellos le preguntaron: "¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?". 
Jesús les respondió: "La obra de Dios es que ustedes crean en aquel que él ha enviado". 

 

San José Obrero

 

La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado. (Juan 6, 29)

La multitud que seguía a Jesús era claramente persistente. Muchos de ellos habían sido testigos de la curación de los ciegos, los cojos y los enfermos, y todos ellos había comido el pan multiplicado milagrosamente el día anterior. Y ahora, cuando Jesús desapareció de su vista, trataron de buscarlo por todas partes hasta que lo encontraron al otro lado del lago. Y como veremos en los próximos días, su persistencia dio frutos de formas que ninguno de ellos se habría imaginado.

Cuando encontraron a Jesús, le preguntaron cómo había llegado al otro lado del lago, ya que no faltaba ninguna barca. Pero Jesús decidió no contestarles directamente, sino que les dijo algo más acerca de su propia identidad. Hasta este punto, la gente se había sentido atraída por sus milagros, y ahora ya era hora de mirar más allá de las señales visibles para ver las verdades a las que ellas apuntaban: Jesús quería llevarlos a la fe en su Persona como Hijo de Dios y Pan de vida.

El milagro de la multiplicación de los panes era un preludio del milagro más profundo del don de su Cuerpo y de su Sangre, que sería capaz de comunicar la vida eterna a todos los que creyeran.

“La única obra que Dios quiere es que crean en aquel que él ha enviado” (Juan 6, 29). No era fácil escuchar estas palabras, porque la gente quería ver signos visibles para no tener que afrontar el desafío de la fe, algo en lo que nosotros caemos muy fácilmente también. La fe no es siempre un camino fácil. Cuando la vida es buena y estamos recibiendo muchas señales palpables del amor de Dios, es fácil creer; pero es en el mar tempestuoso de la vida donde tiene que crecer nuestra fe.

Ahí es donde resulta útil la verdadera persistencia. ¿Cómo? Si todo va bien para ti o si tienes muchos problemas, sigue adelante para crecer en tu fe. No dejes nunca de hacer preguntas y utiliza la facultad de la razón que Dios te ha dado para ver la verdad de cada situación. Si lo haces, tu fe crecerá y madurará.

“Jesús, Señor mío, fortalece el don de la fe que tú me has dado, te lo ruego, y ayúdame a buscarte siempre a ti en todas las cosas.”

 

 

Hechos 6, 8-15
Salmo 119(118), 23-24. 26-27. 29-30

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